* Se pide a museos y escuelas que se celebre una historia limitada, controlada e incompleta centrada en la población blanca
Redacción.-
Los Ángeles, CA, 3/febrero/2026, (La Opinión).- Mientras se intensifican las medidas de control de la inmigración en todo el país, la administración Trump intenta reescribir o borrar la historia de las minorías étnicas de la nación, censurando exposiciones en museos nacionales, retirando placas de parques públicos y eliminando festividades nacionales.
Durante la videoconferencia “En vísperas del 250 aniversario: el impulso para recuperar las narrativas comunitarias”, organizada por American Community Media (ACoM), Ann Burroughs, presidente del Japanese American National Museum (JANM), y presidenta de la Junta de Amnesty International, dijo que los museos étnicos como él que ella dirige, son guardianes de la memoria.
“Nos resistimos al olvido y siempre insistimos en decir la verdad, y en decirla por completo. Y a medida que nos acercamos este año, al 250 aniversario de Estados Unidos, nos obliga a todos a hacernos una pregunta fundamental: ¿quién decide qué recuerda este país y quién decide qué olvida o qué borra?”.
Señaló que esto se vuelve especialmente urgente porque la administración Trump ha realizado esfuerzos concertados para presentar una versión muy limitada y edulcorada de la historia estadounidense, vinculada al 250 aniversario, una versión que minimiza los conflictos, que intenta borrar la historia, homogeneizar la cultura, eliminar la diversidad, evitar por completo la rendición de cuentas y enmarcar el pasado a través de una única lente ideológica.
“Una de las razones por las que elegí convertirme en ciudadana naturalizada, es por su extraordinaria diversidad. Y es esa diversidad de opiniones, de etnias, de geografía, de historia, de memoria es lo que nos hace tan fuertes y poderosos, y eso merece ser celebrado”.
Dijo que los museos, desde principios de 2025, han tenido que sobrevivir e intentar mantener las puertas abiertas y ser fieles a las comunidades en un clima de desestabilización deliberada.
“Hemos enfrentado presiones increíbles para alterar la interpretación, evitar ciertas historias, conformarnos a las expectativas políticas, y también hemos visto amenazada e interrumpida nuestro financiamiento”.
Sostuvo que en medio de todo esto, el espacio cívico se ha reducido, y como consecuencia una de las primeras cosas que desaparecen son los derechos de la Primera Enmienda.
“Así que los ataques contra nosotros, los ataques contra ustedes y los ataques contra la verdad son, en realidad, parte de esa restricción. Y todos los museos lo están experimentando”.
Manifestó que su trabajo se basa en preservar historias incómodas, las de exclusión, resistencia, supervivencia y lucha, que son las que se están borrando, simplificando y homogeneizando ahora”.
Agregó que para el Museo Nacional Japonés-Estadounidense, no es una cuestión existencial, es una realidad, porque fueron fundados para asegurar que la historia del internamiento de los estadounidenses de origen japonés, nunca se olviden y vuelva a suceder a nadie más.
Narrativas falsas
Margaret Huang, investigadora principal de The Leadership Conference on Civil Rights and Human Rights, y expresidente y directora ejecutiva del Southern Poverty Law Center, dijo que en el este de Tennessee donde creció nunca hablaron de la era de la reconstrucción ni del internamiento de los estadounidenses de origen japonés ni del Movimiento por los Derechos Civiles.
“Me quedé tan asombrada de que esto fuera parte de la historia de Estados Unidos y que nunca lo hubiera aprendido, y, por supuesto, inmediatamente me pregunté: ¿qué más desconozco?”
Dijo que eso la llevó a dedicar su vida a cuestionar las narrativas falsas y la renuencia de tantas personas a afrontar la verdadera historia, a reconocer las increíbles historias de tantas personas en el país y que no tienen una plataforma oficial.
“El Southern Poverty Law Center ha estado rastreando los monumentos confederados en todo el país durante muchos años. Lo que descubrimos es que hay monumentos confederados en casi todos los estados, lo cual resulta un tanto sorprendente, ya que la Guerra de Secesión no se libró fuera del Sur y de los estados de la Costa Este”.
Sin embargo, afirmó que existen monumentos a generales confederados y otros altos líderes de la Confederación por todo el país: calles con sus nombres, escuelas con sus nombres, estatuas erigidas en los lugares más insospechados.
“Esto refleja la forma en que se documentó esa historia. Ninguno de estos monumentos se erigió inmediatamente después de la guerra. Se construyeron 60 u 80 años después, cuando la narrativa de la supremacía blanca estaba en primer plano, particularmente para oponerse al movimiento por los derechos civiles”.
Así que dijo que a medida que los activistas comunitarios en el Sur y en otras partes del país comenzaron a exigir la derogación de las leyes de Jim Crow y el fin de la segregación, empezamos a ver la proliferación de monumentos confederados y el reconocimiento de personas que nunca han sido héroes para este país.
Intentos de anulación
Ray Suárez, periodista y autor de We Are Home: Becoming American in the 21st Century, dijo que estamos viendo cómo el gobierno utiliza su poder, su capacidad de financiamiento y su tremenda influencia en todos los aspectos de nuestra vida en común, para intentar revocar o anular los últimos 50 años de reflexión sobre lo que realmente es la historia estadounidense, quién tiene derecho a contarla y quiénes son incluidos en ella.
“Como el último coletazo de un animal moribundo, le da a los blancos la oportunidad de usar su poder demográfico para imponer una narrativa fantasiosa a Estados Unidos, justo cuando reflexiona sobre sus 250 años de existencia”.
Dijo que recientemente, la historia de la esclavitud en un sitio de un presidente que poseía esclavos, fue eliminada por empleados del Servicio de Parques Nacionales porque Donald Trump cree que gran parte de la reinterpretación nacional de nuestra historia implica, en sus palabras, que “la esclavitud fue mala”.
Suárez sostuvo que sí fue mala y es una parte importante de nuestro pasado como país y de lo que se convirtió porque después de la liberación generalizada de los cuatro millones de personas esclavizadas en el sur de Estados Unidos, la lucha por la libertad tuvo que continuar durante otros 100 años.
“Esta idea de que hace que los blancos se sientan mal, o que hace que los niños blancos se sientan culpables, o toda esta otra palabrería, es una tontería”.
Sostuvo que la idea de la blancura, es una construcción histórica artificial que se está imponiendo con tanta fuerza en el discurso actual.
Una historia incompleta
Anneshia Hardy, directora ejecutiva de Alabama Values, dijo que mientras Estados Unidos conmemora el 250 aniversario, se les pide de forma muy deliberada, que celebremos una historia cada vez más limitada, cuidadosamente seleccionada e incompleta.
“Este momento no se trata solo de conmemoración, es político, y se desarrolla en un momento en que a muchas comunidades se les exige que apoyen una democracia que, al mismo tiempo, trabaja para borrar sus historias, silenciar sus voces, su verdad y también la memoria colectiva”.
Dijo que en todo el país y especialmente en el sur de Estados Unidos estamos presenciando un esfuerzo coordinado para controlar el significado histórico.
“Vemos cómo se presiona a los museos nacionales para que cancelen o censuren sus exposiciones. Vemos cómo se restringe el currículo escolar en nombre de la neutralidad o limitando lo que se denomina “conceptos divisivos”. Y nada de esto se describe, curiosamente, como borrado”.
En cambio- indicó – que se presenta como “sentido común”, “patriotismo” o “el regreso a nuestros valores compartidos como país”.
“En la práctica, es un intento de reafirmar una versión de Estados Unidos centrada en la población blanca, ordenada, que ignora la desigualdad y la exclusión que hicieron posible esta nación. Y esto no es nuevo”.
Afirmó que el control de la historia siempre ha sido una herramienta de poder.
“Lo que cambia ahora es su urgencia, y estamos viendo cambios demográficos, transformaciones culturales y la organización de base, que han dificultado mantener la mentira o la ficción de este pasado estadounidense indiscutible”.
Agregó que borrar narrativas a menudo se trata como un desacuerdo cultural, pero en realidad es estructural.
“Está conectado con la memoria cultural, y cuando las comunidades son excluidas de la memoria oficial de esta nación, es más fácil expulsarlas de las protecciones nacionales, de los recursos, de la imaginación política. No hay ni un solo museo financiado por el estado dedicado a documentar la historia completa de la esclavitud”.