LAS PEQUEÑAS COSAS…
Eliseo Castillo
TUS OJOS NO MIRAN
"Mientras el tiempo se apronta inexorable, / mis pasos son casi los de siempre, / los de cada día a tu vera, alimentando esperas,/ saboreando el encanto y la esperanza,/iluminadora de la casi llegada a casa, / escuchar tu voz, mientras tus ojos, / arteramente de amor me bañan; / tus ojos, más que mirar, aman"...elíseo
Escucho a mi hermano comentar preocupado por la inestabilidad con que se conduce la vida en pareja de su hijo con su pareja; ellos viven en Seattle USA, les toca vivir las actitudes del presidente Trump en carne viva de alguna forma; son jóvenes que están construyendo una vida en pareja, obligados a hacer cuentas de sumas y restas de lo que ganan y gastan cada día; de saber que son suficientes para el futuro juntos.
Por lo que me comenta, una de las preocupaciones principales que enfrentan es …¿qué va a pasar mañana, si Trump sigue buscando la guerra por todo el mundo?
Con cierta razón definitivamente, hacen cuentas de los años que les vienen, y si podrán llevar bajo estos, el vivir, trabajar, y soportar el ambiente belicista que no les permite pensar el trabajo que realizan, en la renta que deben pagar, en los gastos diversos; pero sobre todo… ¡si vale la pena tener hijos…!
Por si no nos habíamos dado cuenta, esta es la realidad que se vivió durante el nazismo que dio pie a la Segunda Guerra Mundial; un ambiente enrarecido, lleno de ambiente militar, vigilancia, acoso a los jóvenes, para atraerlos por las buenas o por las malas a los grupos de seguidores de Hitler.
Fue un ambiente que desalentó la posibilidad de vivir una juventud “normal”; al final, ninguna juventud se vive de manera normal cuando las ideas e intereses de grupos de poder se imponen. En 1940, ser Ario era símbolo de superioridad; el resto estaban bajo sospecha; los jóvenes sufrían las consecuencias; sobre todo si eran judíos, o gitanos, o negros, morenos, con alguna discapacidad, o con preferencias homosexuales.
Hoy se repite el dilema en los jóvenes; solamente que con los medios tecnológicos muy desarrollados que permiten vivir las situaciones que suceden en prácticamente todo el mundo en tiempo real; esto los hace participes de problemas que en aquellos tiempos de 1940 ignoraron totalmente, hoy resulta imposible ocultar lo que pasa en cada rincón del mundo donde haya señal de internet o telefónica; para bien o para mal, según sea su postura, amable lector, lectora, todo está en la palma de su mano, apenas abre su celular y le cuentan lo que pasa en La India en este momento; le dan parte de como va la guerra de exterminio del genocida judío Netanyahu contra Palestina; o de como está el ambiente en París…; por si le apetece tomar el avión e ir a tomar un café a orillas del Sena.
El problema es que hoy, cada día que regresan de trabajar, junto al cansancio del mismo, se llevan a casa la zozobra de lo que va a pasar si el ambiente de guerra que les obligan a vivir se incrementa. El ¡qué va a pasar mañana! más que nunca se hace central en la vida de cada persona; y más en los jóvenes cuando, esperan, con todo el derecho del mundo, y de la línea de la vida que se pueda vivir una vida normal de estudio, trabajo, salario, gastos.
¡Como si fuera mucho pedir!
Y sin embargo, no hay forma de que las nuevas generaciones tengan un ambiente menos obscuro; ellos no mandan; la mentira que los profesores mal preparados les vendieron con aquella arenga muy propia de los festivales de clausura escolar cuando el director grita en el micrófono aquello de que… “ustedes, los jóevenes, ¡son el futuro más preciado el país!” resulta tan hueco en estos días, como pensar que Trump va a dispensar de su ira y su complejo de superioridad a México…; sólo por que gobierna una mujer…; con lo que odia a las mujeres que no son rubias; con lo que odia a las mujeres extranjeras no rubias; asumiendo que su esposa es extranjera… ¡pero rubia!