LAS PEQUEÑAS COSAS…
Eliseo Castillo
A TU RECUERDO
“Con la caída del sol cansado, a rastras, / la noche, señora del recuerdo y los sueños, / toca mi puerta, se acomoda en mi cuarto, / la oscuridad se anuncia, se aposenta, / la vida sigue, me dices, lo imagino, / cierro los ojos, mi ilusión te atrapa, te contemplo, / una noche más a tu lado, te murmuro. / A tu recuerdo, una noche más”…elíseo
El periodista cultural Víctor Roura, en aquel viejo periódico El Financiero, de hace 30 años ; cuando todavía era un diario decente, confiable y muy creíble (no el panfleto en que lo convirtieron a la muerte de su fundador), tenía una columna en la que en ocasiones usaba el término “los tamaños del amor”; y pienso que de esas interesantes columnas retomo el término para cabecear mi comentario de hoy; lo digo por aquello de que está de moda robar ideas, y hasta columnas para firmarlas como propias.
Ayer, en la mañanera y ante la expectativa causada por el abatimiento del mafioso criminal, el tal Mencho, el jefe de la defensa nacional Ricardo Trevilla Trejo compareció ante la nación en red nacional, y apenas conteniendo las lágrimas (ser humano al fin, sensible ante una realidad difícil) “dio el parte” de los eventos militares que se desarrollaron durante la captura del criminal en cuestión.
Como siento asco por los narcos, que extorsionan, asesinan, asedian; dada mi vida de profesor universitario que siempre intento rebatir a este tipo de personajes durante sus clases académicas, trataremos de no referirnos tanto a este personaje, como lo hace la prensa diversa en todos los medios desde el domingo.
El jefe de la Defensa Nacional, al dar el parte del evento y referirse a las bajas causadas por la acción militar, señalando que fueron 25, y ofreciendo un abrazo solidario y condolido a sus familiares, su calidad de ser humano, le ganó unos instantes y las lágrimas se le asomaron en sus ojos…
¡Cómo que el Gran General, el gran Barón de las fuerzas armadas llorando ante un país de 130 millones de personas que representa…!
Al final, mostró que cumple un rol y realiza una misión…; pero es un ser humano.
En sus palabras y ante los periodistas que cubre la mañanera reclamo el derecho a ser un ser humano sensible, casi gritando y reclamando ese derecho; recalcó la importancia del ejército mexicano, y el éxito del evento del fin de semana.
Su dolor por los 25 soldados caídos se manifestó…
Así es el amor, así es el dolor cuando se siente por amor a alguien; por el sentido de pertenencia; vimos a un “padre simbólico” sufriendo por la muerte de 25 hijos…; viviendo su dolor, manifestó su amor por ellos, y su dolor por su muerte.
¿Y los otros muertos…?
Se habla de delincuentes y de una mujer que, al parecer, fue víctima de las circunstancias violentas; de las que para Felipe Calderón eran “simples daños colaterales”.
De estas personas caídas, solo se menciona el número, nada se dice de las familias de los mismos; incluso se recomienda que no se ubique su origen, para evitar estigmatizar a sus familias, e inmediato se realiza una forma de distinción entre las personas que merecen ser amadas y reconocidas socialmente, los militares caídos en este caso; y los convertidos en delincuentes.
Ahí entra la diferencia de los tamaños del amor; para los delincuentes el desprecio social es premio y pago por sus actos; el reconocimiento amoroso le corresponde a los militares que pusieron sus vidas en prenda para la sociedad.
¿El amor se mide por los actos…?
Parece que si, que por sus frutos se califica a las familias y se les apoya o rechaza hasta el último momento de su vida.
Para los caídos defendiendo el orden social lágrimas y recuerdos, para los delincuentes, el rechazo, y desprecio.
En un pueblo relativamente pequeño, en que las familias siguen identificándose entre si, es fundamental la actitud de las personas para ser vistas como parte orgullosa del grupo; o rechazados, incluso repudiados llegado el caso.
Si el miembro de una familia en ese pueblo anda en malos pasos y se le identifica haciendo tales males sociales, el día que muere, regularmente se le manifiesta el rechazo dejándolo sólo en su velorio, acompañamiento y luto. Se le rechaza, no hay amor.
Cuando por el contrario, la familia y miembros de la misma han sido socialmente reconocidos de manera positiva, regularmente la población se vuelca solidaria en acompañamiento, apoyo, y sobre todo amor…, mucho amor.
Lo que vimos ayer por la mañana de parte del jefe de la Defensa Nacional fue un acto de amor por la figura que representa; en este momento es el jefe de una familia, la familia que es responsable de cuidar a un país de 130 millones de miembros.
Los “otros”, los que se ponen del lado de la delincuencia, pierden ese derecho a ser amados socialmente; seguramente alguna madre o hermana les llorará; pero incluso ese llanto amoroso no podrá ser social… ¡no imaginamos el orgullo de tener un hijo o hermano narco asesino o extorsionador!
Así son los tamaños del amor…
¡Pero cómo nos cuesta decirlo y manifestarlo…!