Por Alexia Villaseñor y Alonso Urrutia
Martes 06/octubre/2026.- Ya sin la responsabilidad de la investidura presidencial, en su libro ‘Pueblo’, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador cuestiona los términos de la relación bilateral que ha pretendido imponer Estados Unidos a México en estos dos años. Particularmente duro en la valoración del desempeño del nuevo embajador, Ronald Johnson, en esta primera etapa del gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, señala que este funcionario “no es diplomático ni tampoco político; más bien actúa como un excitado y entrometido policía. Debería ser más ecuánime y menos prepotente, buscar parecerse más a Josephus Daniels y menos al siniestro Henry Lane Wilson. En política exterior no se debe pontificar en territorio ajeno”.
El ex mandatario acusa a Johnson de que cuando se descubrió la ilegal participación de la CIA en Chihuahua, lo que contraviene cualquier relación de respeto bilateral, aquel reaccionó en un “tono desafiante, no diplomático ni mucho menos político”. Incluso, el diplomático amagó con que el gobierno de Estados Unidos procedería a presentar denuncias en tribunales de su país contra presuntos lavadores de dinero o políticos corruptos mexicanos vinculados al narcotráfico.
Retiro de visa a su hijo, “dogmática y canallesca”
En el capítulo de “Política exterior y defensa de la soberanía”, López Obrador también condena la actuación del secretario de Estado, Marco Rubio, al considerar que la decisión del retiro de la visa –única mención sobre el tema– “a mi hijo Andrés Manuel sin ningún motivo o razón” se da en un tenor “dogmático y canallesco”.
López Obrador escribe que ni al embajador Johnson ni a sus superiores les gustaría que México actuara en los mismos términos en que ellos lo han hecho, es decir, que cualquier ciudadano mexicano “presentara denuncias en nuestro país con bombo y platillo contra funcionarios de Estados Unidos de alto nivel que reciben dinero para sus campañas electorales de fabricantes de armas que les quitan la vida a nuestros conciudadanos”.El ex presidente lanza en Pueblo un conjunto de cuestionamientos a la actuación estadunidense. Se pregunta si estarían de acuerdo los gobernantes de ese país con que se iniciaran juicios en México contra personal de sus agencias vinculados con los narcotraficantes o por hacer espionaje en nuestro país.
También se pregunta si estaría de acuerdo en permitir que entren armas de contrabando para asesinar a mexicanos y estadunidenses, como ocurrió en la operación Rápido y Furioso. Y si Estados Unidos avalaría que mexicanos trajeran a personas secuestradas en su territorio acusadas de distribución de droga. O bien, si les gustaría que se detenga aquí a empresarios estadunidenses que han entregado sobornos a funcionarios mexicanos o son dueños o directivos de empresas que evaden impuestos.
A diferencia de los términos diplomáticos con los que se refería durante su gestión al gobierno de Donald Trump, en ‘Pueblo’, López Obrador reprocha que se ha hecho mucho más evidente e ilegal la intromisión de la embajada de Estados Unidos y de las agencias (CIA, DEA y FBI) con la excusa de combatir el narcotráfico, cuando en realidad es un asunto de carácter político.
En el libro reproduce la carta que escribió en su finca ‘La Chingada’, en la que advirtió del “sorprendente cambio de Trump”; mencionó que “sus falsos amigos y consejeros internos” lo han estado embarcando “en viles y siniestras aventuras”.
El ex mandatario atribuye estas acciones a la molestia de que en México haya un gobierno popular y progresista, porque prefieren uno autoritario, desordenado y corrupto que sea vulnerable y dócil ante su pretensión de dominar al país, dice, o tal vez influye que a ciertos políticos los hermana la ideología conservadora y están empeñados en crear una asociación internacional derechista.
“Sucio proceder”
Para López Obrador, este “sucio proceder” del gobierno estadunidense tiene por origen un asunto político o electorero para impresionar o seguir manipulando a sus ciudadanos con la acusación de que México es el causante de la drogadicción en el vecino país. Y que ellos, los del partido gobernante, están acabando con la migración de gente mala y de narcotraficantes que envenenan a sus jóvenes.
Mencionó la “fabricación de expedientes con pruebas hechizas” en su empeño de acusar al gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, al senador Enrique Inzunza y a ocho funcionarios más de vínculos con el narcotráfico.
En ese contexto, reivindica la respuesta de Sheinbaum, quien advirtió que de presentarse las pruebas correspondientes, no habría impunidad, pero en caso de que fuera una denuncia con carácter propagandístico, se denunciaría “el chantaje, la represalia y la intromisión del gobierno de Estados Unidos”.
Después de mencionar las acciones estadunidenses contra el gobernador de Sinaloa, en abril, López Obrador descalifica la actuación del gobierno de Estados Unidos: han aplicado “el modus operandi de casi siempre, es decir, el uso de testigos protegidos, su manejo publicitario, filtraciones y calumnias, así como el uso de guiones a modo que entregan sus abogados a los acusados, es decir, la fabricación de expedientes con pruebas hechizas, premio o castigo o muchos otros viejos trucos”.
A diferencia de las alusiones del pasado al “licenciado Peña Nieto” cuando era presidente, López Obrador plantea que éste “no hizo nada para cambiar la política neoliberal ni detener la corrupción, por el contrario, la profundizó. Con él, la decadencia se precipitó porque en vez de rectificar, profundizó el modelo neoliberal. En tan sólo dos años, Peña Nieto logró imponer de manera burda el acatamiento servil de la agenda dictada desde el extranjero con el contubernio de los grupos de poder en México –las llamadas reformas laboral, educativa, fiscal y energética–”.
Y aunque le concede que la corrupción en su gobierno fue menor que con Carlos Salinas, en el sexenio de Peña Nieto fue “más ostentosa y descontrolada”. López Obrador considera que el “fracaso del gobierno de Peña” favoreció sus amplias posibilidades de triunfar en 2018, aunque no fue fácil la travesía porque los oligarcas mantenían su empeño de no dejarlo pasar.
En ‘Pueblo’, con más de 700 páginas distribuidas en 10 capítulos, hace un apretado resumen de las condiciones en que se fue consolidando su movimiento, sustentado en su oposición a las políticas neoliberales que prevalecieron desde Miguel de la Madrid hasta Peña Nieto. A cada uno de ellos dedicó el capítulo “Neoporfirismo prianista”, con apartados específicos para cada uno de ellos.
Pone particular énfasis en el “gobierno espurio de Felipe Calderón”, cuya administración significó más de lo mismo, con el agravante de que se desató la guerra contra el narcotráfico, lo que aumentó la violencia y homicidios durante lo que denomina sexenio funeral.
Sobre Salinas, el tabasqueño narra que en una conversación con un multimillonario le preguntó quién era el ex presidente más rico: “ni siquiera parpadeó y me contestó de inmediato: Salinas”.