LAS PEQUEÑAS COSAS
Eliseo Castillo
EL CALOR DEL BESO
“Será por que en la distancia se resuma, / se agiganta el sabor no libado, / tus labios frescos y sonrientes se prodigan, / se agolpan en mi mente y te reclaman, / besos nunca dados, tan sólo deseos, / besos no robados, de nostalgia, besos no dados, / recuerdos y ternura, besos imaginados”…elíseo
Mientras la premura del mundial de futbol intenta tapar un poco el abuso, robo y burla de los costos de los boletos para ver partidos de futbol que se adivinan insulsos, y con sabor a ganas de dormir; regularmente así son los partidos eliminatorios, con tan poca sustancia, que lo único que se recuerda regularmente de ellos es el desmadre que sucede en las gradas, con un público que regularmente no es muy futbolero; pero que aprovecha su poder de compra y su turismo de “enajenación”, para llevarlos a seguir la fiesta a los estadios; mientras que los verdaderos aficionados, incluso conocedores terminan en casa, en oficinas y bares y cafés viéndolos por televisión, de manera menos ostentosa.
Mientras eso sucede, el gobierno de Trump sigue amenazando con no permitir el acceso a miles de turistas que desean asistir a tal evento; las cadenas hoteleras internacionales, molestas con esta política, se manifiestan por las cancelaciones en sus instalaciones; motivados por la actitud del presidente pendenciero, belicista, pedófilo, evasor de impuestos; que ha decidido que puede evitar el acceso a miles de turistas tan sólo por venir de países que no le resultan atractivos para sus negocios; como los africanos, orientales, y algunos del Medio Oriente.
Increíble que a un país participante (Irán) no se le permita organizar su trabajo participativo cerca de los estadios en que va a participar; se ha visto obligado a instalarse en Tijuana, cuando debe participar en tres encuentros del mundial en los Estados Unidos. Por lo que tendrán que salir directamente a jugar a los Estados Unidos, para luego regresar a México cada vez…; ¡porque al señor Trump se le antoja!
Por eso las cadenas hoteleras se molestan, no están obteniendo las ganancias anunciadas…, esperadas.
¿Y el TLC…? de cabeza
Por más que el secretario de economía se afana y se ufana de mantener una buena relación con su colega de Canadá para la revisión, organización y aplicación del T-MEC para los siguientes años, la realidad es que los problemas se acumulan, a partir de los caprichos del presidente Trump; pareciera que sus políticas comerciales se establecen cada mañana, dependiendo del estado de ánimo con que se levante; o de los caprichos que tenga para el día. Tal es la inestabilidad de este personaje.
El problema es que se está negociando el futuro de cientos de miles de millones de dólares en mercancías entre los tres países; el otro gran dilema es que se está buscando que este bloque comercial sea una especie de dique contra a avalancha de mercancías chinas que ahogan los mercados nacionales de los tres países; lo que vemos en México en cada esquina de las ciudades, con una tienda china, sucede en Canadá y más fuerte aun en Estados Unidos.
El problema es que Trump amenaza un día si y otro también, que si este tratado comercial no le satisface, según sus metas, simplemente no lo va a firmar; y con el desprecio que manifiesta contra sus dos vecinos y socios comerciales, no tiene empacho en declarar, que le tiene sin cuidado si se firma o no; si existe o se desecha el tratado.
Además se da tiempo para señalar los productos en los que tiene predilección, para recibir mejor trato de sus socios: acero, automóviles y productos del campo.
Este es el dilema cuando se tiene un socio inestable; rechaza los productos chinos, pero no hace mucho para reforzar las fronteras comerciales que permitan detenerlos; rechaza competir con China, pero no apoya a sus socios para mejorar las condiciones con que se han de enfrentar a esta locomotora comercial.
El secretario Ebrard puede presumir de sus habilidades negociadoras, pero la realidad está a la vista; no depende de él los resultados; todo que da en y al capricho de un desquiciado, ambicioso, megalómano gobernante que ha dicho que le da lo mismo tener o no el, según sus palabras, “el peor tratado comercial jamás firmado”.
Con esa actitud, ni como esperar algo positivo más allá del simple y necesario ahora fin de mantenerse atados a la locomotora consumidora norteamericana. Antes era un error brutal firmar el tratado con Salinas de Gortari, el problema es que hoy estamos totalmente atados a esta dinámica y dependemos de menara muy alta a su ritmo. El encadenamiento es tan alto, que ahora México necesita del tratado comercial, quizá más que lo que Estados Unidos lo requiere.
Esta es la desgracia del país. Depender de lo que no conviene, pero se depende.