LAS PEQUEÑAS COSAS…
Eliseo Castillo
CIERRA LOS OJOS
“Mientras la vida se mueve entre las manos, / el tiempo no espera, no se duerme, / estás aquí y todo te respira y te observa, / contigo es mejor el tiempo, sin duda, / cerrar los ojos y saber que aun me habitas, / esta mi vida, tan tuya de por si, tan nuestra”… elíseo.
En 2016, con la llegada al gobierno de los Estados Unidos del neonazi Donald Trump, se signó un nuevo reparto del mercado internacional que se buscaba globalizar; nunca se logró esa gran meta promovida por las grandes empresas norteamericanas; lo que aterrizó en una regionalización del mismo como realidad posible.
De manera abierta, la lucha por el mercado quedó perfectamente marcado por los intereses de Estados Unidos, Europa occidental, China y Japón.
Sabemos de antemano que en materia comercial el mundo se reorganizó como en una fiesta del “Club de Tobi”, donde las niñas no tiene cabida, y definitivamente las economías frágiles terminan por ser integradas como lo que han sido toda su vida; simples proveedores de fuerza de trabajo barata, y recursos naturales para la transformación en las grandes industrias.
Desde el momento en que Trump decidió que no desea seguir gastando recursos en defender a la Europa invasora, colonizadora y esclavista, ésta despertó del sueño protector y se dio cuenta que tenía que retomar el rumbo de su vida en sus manos; de inmediato sus líderes: Alemania, Francia e Inglaterra decidieron rearmarse y prepararse para la guerra contra Rusia, suponen que para el 2030.
Al mismo tiempo decidieron firmar el tratado comercial con el Mercosur, liderado por Brasil como respuesta al desprecio recibido por el señor dictador neonazi, por medio de castigos arancelarios, y el desprecio ante sus necesidades de atención y apapacho, ni qué decir de la agresión a Groenlandia, que es parte de la Europa que habían firmado y jurado proteger por medio de la OTAN.
Hoy la nueva geografía comercial apunta a generar más regiones que van a protegerse contra el resto del mercado del mundo. Ante la amenaza creciente de las mercaderías chinas, pareciera que el mundo se contrae de temor y se replantea el clásico aleluya, aleluya, que cada quien se agarre del socio que pueda.
China quiere al mundo como socio comercial…¿quién quiere a China?
Hoy queda claro el discurso que ofreció AMLO en su reunión con Trump, al mencionar que la verdadera amenaza comercial era China; marcando la importancia de mejorar el T-MEC como forma de hacerse más fuertes; el tiempo le da la razón; hoy el país es territorio de tiendas Made in China y tiendas OXXO; nada que festejar en ambos casos.
Con la firma del tratado comercial de Europa con el Mercosur, se está redefiniendo el mercado de manera regional, rechazando de manera real la globalización; desde luego hay ganadores y perdedores como en todo tratado comercial; eso no va a cambiar en los mercados nacionales, se le llama canibalismo comercial; va a seguir sucediendo la quiebra masiva de pequeñas y micro empresas en todas las regiones; nunca han sido tan importantes como para ocuparse en especial de ellas. Hoy no será la excepción.
En este contexto, México tendrá que seguir cargando la cruz agridulce de ser vecino de Estados Unidos; días dulces y amargos le esperan en el futuro inmediato y de cada día; no hay forma de cambiar una relación entre desiguales; así son los negocios de las grandes empresas y los gobiernos; no van a cambiar por que al mercado nacional le hace falta una reubicación geográfica.
China busca vender en todo el mundo, lo hace de hecho; el problema es que no le interesa fomentar el trato igualitario; se comporta como nuevo rico queriendo quedar bien con los otros ricos; ese es el problema.
China no sabe de lágrimas, aprendió bien la filosofía gringa… ¡nada personal, sólo negocios!
Europa fomenta su nueva región hacia América del Sur, con la molestia de su extrañado ex-protector militar, Estados Unidos.
Es la nueva realidad de una globalización que nunca fue más allá de los planes de las grandes empresas americanas y europeas, que ahora reculan ante el avance de las empresas chinas.
Valiente mundo nuevo, parafraseando a Carlos Fuentes.