mar. Ago 25th, 2026

MÁS ALLÁ DEL DELITO…

Enrique Covarrubias Magaña

Cedeño desde siempre había tenido una obsesión por la medicina homeopática, a los 13 años de edad había acompañado al doctor Guardián de Yurécuaro que por los años sesenta tenía fama de ser buen ‘curandero’ Aunque ese término molestaba en demasía a Carlitos Cedeño, después de todo ahora ya adulto reconocía haberse olvidado de los <chochitos> por los conocimientos y pócimas tan comunes en los yerberos; brebajes que se habían convertido en sus cómplices en aquel crimen del 26 de agosto de 1974, cuando entre horrendos dolores la sexoservidora María Bermejo había expulsado el fruto de su placer siguiendo los consejos del filibustero, que ahora compañía sentencia en la penitenciaría del estado.

José Carlos Cedeño, lee en un rincón de la galera 6 un ejemplar de botánica, usa lentes de alta graduación debido a su casi ceguera; padece de ‘diabetes mellitus’ y una de sus piernas empieza a llagarse a causa de la falta de circulación y a que no se cuidó a tiempo.

Quienes le rodean, compañeros de crujía, le respetan, algunos inclusive le dicen <doctor> Seguido le piden consejos, a lo que Cedeño accede…¡claro por un módico pago! “Y luego con que me voy a mantener aquí adentro” susurra el sentenciado, que evade hablar de aquel triste episodio sucedido en una ranchería de las inmediaciones de Yurécuaro, por lo que Cedeño, es un tipo gruñón.

Los hechos que constan en la averiguación previa penal 207/74, revelan que José Carlos, es originario de Cortazar, Guan ajuato, pero con vecindad en la calle de Jesús García 43 de Yurécuaro; que se dedica a recorrer comunidades vendiendo productos de homeopatía a la vez que otorga consultas al respecto. Su estado civil: viudo, tiene una hija de 9 años de edad que vive actualmente con su abuela paterna en Guadalajara, Jalisco; que como ya era su costumbre, había <dado consulta> a un buen número de personas en la ranchería de la Yerbabuena. Como había tenido un día arduo, había decidido ir a Zamora con unos amigos, en plan de diversión, pues había oído de la variedad de un tal <Nacho El Terrible> por lo que le había entrado la curiosidad.

Ya en ese lugar, ubicado en la esquina de Amado Nervo e Independencia de la citada ciudad, Cedeño empezó a beber y a disfrutar de la compañía de aquellas <pécoras>, <obreras de la iniquidad> sobre todo de una hembra de <voluptuosas cúpulas> llamada María Bermejo, con quien había entablado amistad, pasando de las <coplas a las cúpulas> y de ahí a la <cópula> en <sodómica> relación pasional, decidiendo vivir juntos, solo que la <suripanta> puso como condición el continuar en aquella vida de luces y lentejuelas. Cedeño estuvo de acuerdo.

“Así estuvimos por más de un año, hasta que María por descuido se embarazó, me entró la duda sobre si aquel <producto> era o no mío, a lo que le propuse que para seguir con nuestro idilio, tenía que abortar, ella estuvo de acuerdo en un principio. Acudimos con un tal doctor Chávez que tenía bien ganada gama de espanta cigüeñas, pero como no lo encontráramos, recordando mis conocimientos decidí hacerme cargo del asunto. Inicie el tratamiento con diferentes brebajes, <que muicle>…<que Gordolobo>…<que la yerba del ahito>…<que la pasionaria>…<que pomada de semen de ballena> y otras más por el estilo que en ocasiones conseguía con Nicho por la calle Hidalgo cerca del mercado grande o en la botica de Lomelí. Pero la cosa fue empeorando la salud de María fue minándose.

Cierta noche en que María había regresado de la <chamba> me comentó que se sentía débil, que había vomitado todo el rato que había estado con unos <clientes> que le había recomendado <El Bonilla> y que un fuerte dolor de cabeza le martirizaba por ser insoportable.

“De inmediato me di cuenta que la hembra estaba deshidratada y que sus reflejos habían disminuido, eso me dio temor, fue entonces que decidí darle una <revoltura> que incluía aparte de <cacahualote> unas briznas de <ácido bórico>, de ese que se utiliza para matar cucarachas, la bebida hizo efecto…María se quejaba de fuertes dolores estomacales, vomitó la bilis…hasta que por la madrugada dejó de quejarse..!Para siempre!

La infeliz mujer, como murió sospechosamente, sus «manas» (compañeras de profesión) dieron parte a las autoridades, acudiendo a la Barandilla con el «Pinolillo», quien dio parte al MP Suárez Alcalá; quien ordenó llevar el cuerpo al descanso para practicarle la autopsia, que determinó envenamiento.

Como José Carlos Cedeño ignoraba que ya las autoridades judiciales al cumplir con el requisito de ley de la necropsia, ésta dejó en claro que la causa de muerte de aquella infeliz mujer había sido por envenenamiento; de inmediato, la policía inició la búsqueda de aquel ‘charlatán’ que aparte era un <filibustero apostólico engañabobos>

Fue en la cantina <El Tunel> de La Piedad donde fue apañado aquel frustrado aprendiz de la herbolaria y recluido en los separos de la cárcel municipal de esa ciudad. Un juez penal determinó que el homicidio tenía agravantes, por lo que después de un año y tres meses, al <apasionado doctor> Cedeño le fue dictada una sentencia de 12 años de prisión, mismos que cumplió una tercera parte por <buen comportamiento> en la Penitenciaría Estatal en Morelia.

https://elpregonerodezamora.com

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