mié. Abr 17th, 2024

¡NO ERA MARIQUITA..!

Las Crónicas sin contar…

Por Enrique Covarrubias Magaña

Francisco era el mayor de sus cuatro hermanos, él fue el único varón de todos, ello implicaba en su familia que tendría que ser una persona fuerte de carácter que pudiera llevar las riendas de un hogar para cuando su padre faltara, pero su carácter no era así, al contrario, era muy débil y su físico no le ayudaba en nada.

       Paco como lo conocían, era bajito de estatura y muy delgado, muy ‘lambrijo’ como dirían muchos, por más que su madre le daba de comer, éste no engordaba y no crecía.

    En la escuela era el típico niño que sus compañeros agarraban de “bajada”, se burlaban de él por su complexión y al ver que éste no les paraba el alto, al contrario rehuía de ellos, más le cargaban.

     En más de una ocasión, Francisco llegó golpeado a su casa por los rumbos de “La Burrera” de Jacona, decía que sus compañeros lo agarraban en bola y no podía defenderse, su señora madre, le metía sendas regañadas porque se dejaba pegar, lo amenazaba con la llegada de su padre, quien le metería unos cuerazos para que se volviera hombre.

     Las amenazas de la señora, pronto se cumplieron, en cuanto llegó el padre de Paco, a la señora se le hacía tarde para contarle a su marido que su hijo nuevamente había llegado golpeado, el señor harto del trabajo y con la histeria de su señora, arremetía en contra de su hijo a quien de “mariquita” no bajaba, lo insultaba y todo le decía era por su bien, de una de otra manera tenía que hacerse hombre.

      Paco comenzó hacerse arisco y muy rebelde, aunque con sus compañeros de clase nada cambiaba, él seguía siendo “su cochinito”.

       Pasaron los años, y Francisco dejó la escuela, o mejor dicho su padre lo sacó y lo metió a trabajar de albañil, quería que su hijo fuera una persona de provecho, fuerte y trabajador como el, en un trabajo así de pasado tenía que cambiar, tenía que hacerse hombre.

      Francisco optó por salirse de su casa y comenzó a juntarse con unos pandilleros del rumbo de San Pablo, en ese ambiente, Paco, comenzó a consumir alcohol y drogas, sólo para sus vicios trabajaba, vivía con uno de sus amigos en un cuarto que parecía ‘pocilga’, lo único que tenía eran catres, eso sí su televisión y estéreo no podían faltarles.

       En un principio los padres de Paco, sintieron un alivio porque éste ya no vivía con ellos, para estos su único hijo varón había sido una vergüenza, jamás sintieron ni un poquito de orgullo de su primogénito.

La noche en que Francisco decidió dejar su casa, fue porque su madre le dijo que le daba pena haber parido un cobarde como el, y su padre remató diciéndole que para él su hijo estaba muerto. Ante el sentimiento del joven, su único refugió fueron los vándalos de la colonia por los rumbos de San Pablo, quienes se ofrecieron a ayudarlo a olvidar su penas. 

      En una que otra ocasión, Francisco tuvo que hacerles favores a sus “amigos”, tuvo que ser su cómplice para los atracos que cometían, pero él no dejaba su empleo de albañilería, ahí dice, de menos tenía un sueldo seguro.  “El Naco” y “El Patas de Rana”, sus compañeros de cuarto, le decían que no tenía que dejar que nadie lo insultara que él ahora tenía poder y tenía que hacerse respetar, para ello “El Patas de rana” le regaló una navaja. 

      Al cabo de unos cuantos días, Paco tuvo un altercado con un muchacho de su edad, quien lo había insultado porque éste lo había empujado sin querer en la calle. En ese momento, a Francisco se le vinieron los recuerdos de su infancia, como ya era de noche, siguió aquel joven, fue hasta una calle sin luz en donde lo enfrentó amenazándolo con la navaja que le había regalado “El Patas de rana”; el joven se quedó quieto y hasta una disculpa le brindó, pero Francisco se le dejó ir y le asestó un navajazo en el abdomen y a toda prisa huyó del lugar. 

        Poco después, Francisco comenzó a pretender a una joven, jamás había tenido una novia, ésta lo rechazó tajantemente, le dijo que no era su tipo y que además no le gustaba su forma de ser, que hasta cierto punto le daba miedo, por ello no lo quiso ni siquiera de amigo. Ello llenó de rabia a Francisco, pero esperó el momento adecuado para darle una lección aquella mujer, tenía que cumplir su juramento, tenía que hacerse respetar y nadie podía hacerle un desaire. 

        Dos días después, esperó a que su víctima saliera de la escuela, y la interceptó en un baldío de los rumbos de la Buenos Aires y la apuñaló, ahí dejó su cuerpo inerte, camino a su casa, sintió que el mundo se le venía abajo, no podía creer lo que había hecho “El Naco”, le aconsejó que siguiera su vida normal, así nadie sospecharía de él.   

       La investigación se abrió y a Francisco le llegaban rumores de que ya tenían pistas sobre el homicida de aquella joven.  No pasó mucho tiempo, cuando Francisco cometió su segundo crimen, un día de raya, los albañiles se dispusieron a tomarse unas “chelas”, en la tienda “La Pasadita” de Rafa Cacho, al cabo de las horas, aquellos hombres ya estaban ebrios y comenzaron a burlarse de él, Francisco trató de aguantar lo más que pudo, sabía que tenía desventaja con sus compañeros, no iba a poder con todos, esperó pacientemente y fue hasta que sólo quedaron dos sujetos más y él. 

           Francisco se levantó del lugar en donde estaba y tomó una botella con la que golpeó a unos de sus compañeros, en tanto atacaba por la espalda a otro, entre su borrachera, creyèndolos muertos se fue. Al día siguiente aquel joven de apariencia inocente fue detenido, su compañero que lesionó por la espalda falleció desangrado y el que logró sobrevivir lo delató.  Tras las investigaciones y declaraciones, se pudo esclarecer la muerte de la joven, la cual por despecho mató Francisco, así como el ataque del que fue víctima el joven que lo insultó en la vía pública…Francisco purgò condena en la penitenciaría de Zamora…FIN

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