sáb. Feb 4th, 2023

* La falta de oportunidades, violencia y amenazas son los motivos por los que cientos de personas han abandonado sus pueblos

Morelia, Mich., 25/enero/2022.- En Turicato, municipio ubicado en la Tierra Caliente de Michoacán, hasta hace no muchos años era común pasar por ranchos como El Curindalito, ubicado a hora y media de la cabecera municipal. Sin luz eléctrica, agua potable, vías de comunicación ni mucho menos escuelas u hospitales, esa comunidad poco a poco se fue quedando vacía hasta desaparecer. “Últimamente nomás había como tres viviendas, pero esas personas ya fallecieron”, relata un vecino de otro poblado rural en aquella zona.

Con esas mismas características también se pueden nombrar a localidades como El Perdido, Los Ocotes, Palmillas, Aguascalientes y El Baño. En ninguno de ellos hay más de cinco casas y sus moradores suelen ser personas de la tercera edad, además de familiares entre sí. “Algunos se movieron, otros han fallecido, así es como desaparecen esos ranchos, porque a varios apenas les pusieron luz hace tres años, vivían a oscuras, sin nada de comunicación”, dice el hombre de nombre Horacio, quien por su actividad suele recorrer todos esos caminos.

En Michoacán, 27 de los 113 municipios han experimentado una pérdida poblacional entre 2010 y 2020, debido a causas como el envejecimiento y la migración por razones económicas, pero también por fenómenos como la violencia que orilla al desplazamiento forzado de personas.

De acuerdo a los dos más recientes censos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Turicato es precisamente la zona donde más presencia tiene el fenómeno conocido como “despoblación”. En esa demarcación se contabilizaron dos mil 800 personas menos en una década, mientras que en La Huacana, Churumuco, Tuzantla y Tumbiscatío el déficit ronda los dos mil habitantes.

El desplazamiento y muerte de habitantes también han originado que pequeñas localidades dejen de existir en el mapa. Así lo confirma un estudio del Consejo Estatal de Población (Coespo) donde se da cuenta que Aguililla pasó de 172 localidades en 2010 a 133 en 2020. Esos ranchos que eran habitados por campesinos que en su mayoría vivían gracias a una parcela no forman parte de la actual geografía michoacana, situación que no es nueva en todo el país, como lo afirma el investigador de El Colegio de México, Octavio Mojarro Dávila, en su tesis de posgrado La despoblación rural de México.

El académico observa que en la década de los 50, cerca del 60 por ciento de los mexicanos vivían en zonas rurales (con menos de dos mil 500 habitantes), pero la proporción cambió de manera paulatina y para 2010 ya había descendido a 23 por ciento.

“En paralelo ocurrió un rápido desarrollo de ciudades medias y pequeñas que diversificaron los destinos migratorios de la población rural, al mismo tiempo que aumentó la migración al extranjero”, apunta Mojarro.

La tendencia seguirá para los próximos años. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) informó que en 2020 un 43.8 por ciento de la población mundial vivía en áreas rurales y para 2050 estiman que bajará al 31.6. En México, solo una de cada 10 personas vivirá en los pueblos dentro de 30 años, mientras que el resto se aglutinará en zonas urbanas, estima el organismo.

En el caso de Michoacán, además de Agulilla también hay desaparición de localidades en Arteaga, que pasó de 380 a 333 en 10 años, y en el mismo periodo contabilizó mil 485 habitantes menos. Otros municipios que presentan este fenómeno son Tiquicheo, Panindícuaro, Villamar, Ecuandureo, San Lucas, Penjamillo, Chinicuila, Tzitzio, Numarán, Jungapeo, Epitacio Huerta y Carácuaro.

Hay municipios donde la población envejece por arriba del promedio. Es el caso de Zináparo, Huaniqueo y Churintzio, donde la proporción de adultos mayores es prácticamente la misma que la de jóvenes menores de 15 años.

La despoblación no es algo que afecte cuando se ven los números globales de la entidad. Al contrario: en 1950 había 1.4 millones de habitantes, y a partir de entonces el crecimiento se sostiene hasta llegar a los cuatro millones 800 mil en el 2020. A nivel municipal, el más poblado es Morelia, que concentra el 18 por ciento, seguido por Uruapan, Zamora y Lázaro Cárdenas, mientras que los menos habitados son Zináparo, Áporo y Chinicuila.

Consejos municipales, clave para mejores diagnósticos

El director de Coespo, Apolinar Josafat Mendoza, acepta en entrevista que en Michoacán hace falta un mejor diagnóstico de cómo trabajan los ayuntamientos con las localidades con menor número de habitantes, para lo cual han planteado la creación de los Consejos Municipales de Población. A través de esa figura, se podrían atender temas como los embarazos no deseados entre niñas y adolescentes, el envejecimiento poblacional y los fenómenos migratorios, tanto internos como externos.

El proyecto pretende arrancar este año con 25 municipios considerados prioritarios, o por lo menos abarcar las 10 regiones donde se ubican.

Apunta que una de las principales causas para que las pequeñas localidades se esfumen es la migración de sus pocos habitantes a las cabeceras municipales, donde encuentran mayores oportunidades no solo de trabajo, sino de servicios elementales en salud y educación, principalmente. Así lo han comprobado en estudios realizados en Zináparo, Huaniqueo, Epitacio Huerta, Tlazazalca y Jungapeo, que encabezan la lista de zonas donde hubo pérdida de localidades por migración que además tienen como destino a entidades del centro-occidente y del bajío. “En Huaniqueo es común que comunidades enteras permanezcan hasta inicios de año cuando se celebran las fiestas patronales, pero después se van al vecino país del norte, y se van todos, por eso cuando pasan los encuestadores del Inegi ya no encuentran a nadie”.

Desplazados por la fuerza

A nivel federal, el Consejo Nacional de Población (Conapo) ha identificado a varios estados que enfrentan procesos de desplazamiento forzado interno: “personas que se ven obligadas a escapar o huir de su hogar o lugar de residencia para evitar los efectos de un conflicto armado y situaciones de violencia generalizada”.

A este panorama donde individuos o familias enteras no tienen más remedio que salir corriendo para salvar la vida se añaden factores como delitos de alto impacto, violencia de género, conflictos por la tierra y hasta creencias religiosas. De acuerdo a la Conapo, en esos pequeños ranchos azorados por la delincuencia quienes suelen escapar primero son los más jóvenes, mientras que los viejos parecen resignarse y se resisten a abandonar la tierra donde han crecido.

Hasta el momento, la dependencia tiene diagnósticos de desplazamientos forzados en los estados de Chiapas, Chihuahua y Guerrero, pero ya prepara la exposición de resultados en Colima, Jalisco, Guanajuato y Michoacán.

Para el caso de la entidad, la Secretaría del Migrante (Semigrante) elaboró un informe donde se da cuenta que existe población desplazada en 40 de los 113 municipios. La lista la encabeza Apatzingán, donde se ha registrado que 19 familias fueron tácitamente expulsadas, misma situación que en Uruapan, Aguililla, Múgica, Tarímbaro, Tacámbaro, Jacona, Maravatío y Lázaro Cárdenas.

Los desplazados se agrupan entre los 20 y los 39 años de edad, con un efecto mucho mayor contra las mujeres, que representan el 71 por ciento de los casos. De acuerdo a ese diagnóstico, realizado en albergues en la ciudad fronteriza de Tijuana el año pasado, la mayor parte de expulsados vivían en zonas rurales y el motivo de su escape fue que su vida estaba en riesgo (58%), había inseguridad en sus ranchos (30%) o de plano grupos desconocidos los despojaron de sus tierras (10%).

Aglutinados en el norte del país y en espera de obtener la figura de asilo político en Estados Unidos, los michoacanos entrevistados por Semigrante aceptaron que la única posibilidad para regresar a sus localidades es que cesaran las amenazas a las que fueron sometidos; que el gobierno les garantice su integridad y que en los municipios se brinde seguridad pública adecuada.

Mujeres enfrentan desplazamiento por género

La profesora investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), Natalia de Marinis, apunta que en los contextos de desplazamiento forzado en poblaciones rurales, las mujeres son un sector especialmente vulnerable, dado que enfrentan violencia de género en distintas capas.

“Cuando hablamos de personas desplazadas, hay que tomar en cuenta que la violencia no solo está presente en su lugar de origen, sino en la trayectoria que siguen”, advierte la perita, experta en solicitudes de asilo.

La violencia de género, afirma, llega a presentarse hasta en tres puntos de la víctima: su localidad de origen, el trayecto que hace en su huida e incluso el destino, como pueden ser los albergues de refugiados. “La salida tiene que ver con la falta de protección no solo de las autoridades, sino de las propias familias al interior de las comunidades. Por eso la única opción suele ser el escape, ya que la institucionalidad es sumamente débil”, subraya.

Finalmente, apunta que se suele apuntar a la violencia armada como la causa para los desplazamientos en poblaciones rurales, pero se deja de visibilizar a la violencia de género, la cual sí está siendo un factor a considerar en las solicitudes de asilo internacional.

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