mar. Nov 29th, 2022

El poder de la palabra

Arturo CEJA ARELLANO

Las orquestas políticas andan con todo, en un intento por hacerse valer y ser protagonistas ante la proximidad de las elecciones del 2024, lo cual se pudo apreciar en la marcha orquestada por las “fuerzas oscuras” de la política nacional, aprovechando la intención del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, de tratar desaparecer al INE, en cuanto a su nombre, según afirma, pero dejando entrever otras intenciones, al parecer contempladas en la famosa Cuarta Transformación.

Y mientras una orquesta protesta, la otra prepara lo que sería el contra ataque; o sea, una clara provocación dirigida hacia provocadores que, lo único que se persigue –según lo palpo- es la desestabilización del país, que de por sí ya está dada con las acciones de grupos de criminales y malvivientes, alentados por el mismo gobierno de nuestra nación; y no desde ahora, sino desde hace ya varios (Sexenios) trienios.

Lo único bonito que tenemos los mexicanos, son las fuerzas armadas, pues, ¡ah! qué bonito lucen en los desfiles del 16 de septiembre y del 20 de noviembre, mostrando armamento y poderío que “no saben usar para desalentar a los criminales”; porque son puro lujo, caramba.

En Celaya la policía municipal se atrevió a hacer lo que no hacen, ni el Ejército, ni la Guardia Nacional, ni las demás corporaciones: enfrentar a los delincuentes usando el fuego contra el fuego, y eso es muy digno de aplaudir. Y no crean que no actúan las fuerzas armadas de México porque no quieran o no sepan, sino simple y sencillamente porque el gobierno federal “no les da permiso de hacerlo”, pues los intere$e$ son más grandes que el interés de proteger a la población.

En las famosas Redes Sociales circuló la semana pasada una información referente a los alcaldes michoacanos que al parecer están coludidos con el crimen organizado. La verdad no tiene credibilidad aunque digan que fue extraída de la información que los jaquers le robaron al Ejército Mexicano. Y ahí señalan, entre otros más de 20 ediles, a Jesús Infante de Ecuandureo e Isidoro Mosqueda de Jacona. Será melón o será sandía, el caso es que, mientras tanto, yo les doy el beneficio de la duda; o sea, no creo en tal información según eso, publicada por Reforma.

Ya va a concluir noviembre ante la proximidad de diciembre. Antaño, en éstas fechas ya se veía a los migrantes michoacanos circular en sus vehículos “chocolates”; se les veía realizando compras y reuniones familiares y entre amigos; y se escuchaba la música por doquier, y se daba el sacrificio de chivitos para la rica birria. Y aunque en USA son de otra religión, al llegar a México se dan golpes de pecho en los templos católicos, protagonizando bodas, quinceañeras, bautizos, confirmaciones, etc.

Todo hace suponer que éste año será peor al pasado y al ante pasado; o sea, que no vendrán los norteños para descansar y ver a sus familiares y amigos; y todo como consecuencia de “ya saben qué” y la presencia de “ya saben quién”. La inseguridad es mayúscula, el temor es creciente de manera alarmante. Ya los migrantes prefieren llevarse a sus familiares pál norte, dejando los ranchos abandonados, como pueblos fantasmas, y no se vislumbra para nada, el surgimiento de un gobierno que enfoque sus baterías en brindar seguridad a la población, abatida por los robos, secuestros; y lo que es peor, por las balas. ¡México, creo en ti!

Regreso a la tecleada no obstante a que no me he aliviado de mi pie diabético, pues al parecer es una enfermedad contra la que voy a luchar por el tiempo que me quede de vida, en un intento por salvar mi pie de la amputación.

Sólo conservo la esperanza de que el presidente jaconense, Isidoro Mosqueda, no se quede con mi dinero y me pague la parte proporcional del aguinaldo que no me pagó la presidenta interina, Gabriela Garibay Ochoa.

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