jue. Sep 29th, 2022
  • En el templo de San Francisco de Zamora existe una hermosa estatua del Niño de Praga que trajeron los españoles, y desde entonces, muchos feligreses acuden a venerar la estatua que se conserva en una urna ubicada hacia la izquierda de la entrada mayor, en la entrada principal del templo.

Pbro. Dr. Alfonso Verduzco Pardo

La devoción al Niño Dios siempre ha sido practicada en la iglesia, basta recordar a grandes santos como fueron, por ejemplo: San Antonio de Padua, Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Santa Terecita Lisieux, conocida como Santa Teresita del Niño Jesús, por mencionar algunos…

La devoción al niño de Praga comenzó a principios del siglo XVII.

La princesa Palyxenia de Lobkowitz recibió por parte de su madre, como ocasión de su matrimonio, una hermosa estatuilla del Niño Dios procedente de España. La estatua era de cera, media 42 cm de alto.

El niño estaba de pie con la mano derecha levantada, en actitud de bendecir, mientras que la mano izquierda sostenía un globo que representaba el mundo entero, su rostro era tierno y gracioso.

Cuando la princesa quedo viuda, se dedico a las obras de caridad.

Hacia el año 1628, la guerra que estallo en Praga redujo a extrema pobreza el monasterio que los padres carmelitas tenían en la ciudad. Por aquellos días, la princesa Palyxenia se presento a las puertas del monasterio con su estatuilla y les dijo a las religiosas: “Aquí les traigo el objeto de mi mayor aprecio en este mundo, amen y respeten al Niño Jesús y nunca les faltara lo necesario”.

La hermosa estatuilla fue colocada en el oratorio del convento.

Muy pronto constataron que las palabras de la princesa eran proféticas. Mientras los religiosos mantuvieron la devoción al Niño de Praga, vieron que gozaron de prosperidad.

En 1631 el ejército de Sajonia entro en Praga, y los padres carmelitas huyeron a Múnich, sin llevarse la estatuilla del Niño Dios, la que acabo arrojada a los escombros por manos de los herejes invasores.

En 1635, terminaba la guerra, regresaron los carmelitas a su convento, pero encontraron las condiciones de vida tanto en el convento como en la ciudad, en pésimas condiciones.

Esa crisis incluía en un desaliento de la fe de los ciudadanos. Fue entonces cuando el padre Cirilo, quien había recibido anteriormente muchos favores por parte de la devoción del Niño de Praga, quiso restaurar la devoción.

Después de una diligente búsqueda el padre Cirilo encontró la estatuilla entre unos escombros detrás del altar, estaba cubierta por un manto.

Lleno de alegría el padre volvió a instalar la estatua en el altar donde los carmelitas y la comunidad de fieles la veneraban con gran devoción y respeto, sin embargo, la estatuita del Niño Jesús de Praga lucia mutilada y maltrecha. El padre Cirilo escuchaba voces misteriosas que le pedían restaurar aquella imagen, así que puso empeño en lograr ese fin. Sin embargo, las cadencias económicas dificultaban la tarea. Hubo muchas circunstancias que parecían señales sobrenaturales, pero a pesar de ello no se lograba la restauración de la estatua, cierta ocasión se presento en el convento un desconocido que se ofreció espontáneamente a restaurar las manos rotas de la imagen. Al poco tiempo, el desconocido gano un juicio y recupero una gran fortuna.

En innumerables beneficios fueron recibidos por los devotos del Niño Dios de Praga, por tal motivo los carmelitas decidieron edificar una capilla pública para venerar al Niño Dios, pero no había dinero y los Calvinistas de Praga, hacían peligroso levantar nuevas iglesias.

Finalmente en 1640 la princesa Lobkowtz edificó un santuario que se inauguro en 1644.

En 1655, El Conde Martinitz, gran conde de Bohemia, regalo una corona de oro enmantada con perlas y diamantes.

El Niño de Praga fue coronado y desde entonces acuden a venerarlo feligreses devotos de todas partes.

En el templo de San Francisco de Zamora existe una hermosa estatua del Niño de Praga que trajeron los españoles, y desde entonces, muchos feligreses acuden a venerar la estatua que se conserva en una urna ubicada hacia la izquierda de la entrada mayor, en la entrada principal del templo.

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