mar. Nov 29th, 2022

Pbro. Dr. Alfonso Verduzco Pardo

Hace pocos meses publique un artículo que seguramente no fue del agrado para mis lectores aficionados del box y de las artes marciales mixtas, que por cierto no se que tengan de artístico estas peleas que más bien parecen de perros bravos.

En mi artículo exponía que el box era inmoral y daba mis razones.

Yo se que al vulgo le importa un bledo la moralidad; basta que algo sea de su agrado, y mientras más morboso mejor, y ahí nos enbabocamos tal cual como seguramente se embabucaban los integrantes del imperio romano yendo a ver a los gladiadores que a menudo peleaban a muerte en el Circo o en el Coliseo Romano.

Lo que respecta al boxeo lo aplico con mayor razón a los otros pleitos absurdamente llamados artes marciales; y digo absurdamente porque no veo por ningún lado qué tengan de artístico esas peleas que como ya he dicho, parecen de perros bravos. O sea, que tienen de artístico que dos fulanos se suban a un ring a darse trompadas, patadas, codazos y rodillazos, y lo que más me extraña es notar que la televisión dedique horas y horas promoviendo esos pleitos y hacer de los protagonistas unos semiheroes; aunque no es de llamar la atención que la televisión tenga sus propósitos, ya que nuestra televisión es conocida por algunos críticos como “la gran ramera apocalíptica”, aunque tenga algunos programas positivos y dignos de ser tomados en cuenta.

Pero es cierto que a nuestra televisión poco o nada le importa la moralidad de sus programas.

¿Y por qué opino que esos deportes son inmorales?

Por la sencilla razón de que dichos deportes tienen por objeto golpear al rival, y si el golpe es de tal fuerza que prive de sus sentidos al adversario, aplicando el dichoso knock-out, entonces el triunfo es mayor y el boxeador que lo aplica es casi un héroe nacional.

Tal es el caso del Canelo Álvarez, de Julio Cesar Chávez, Raúl Macías y muchos, muchos más.

¿Pero cuántos más podríamos mencionar que han muerto a consecuencia de los golpes recibidos? O que han quedados idiotas o deschavetados el resto de sus días, como fue el caso de uno de los boxeadores más populares y de mayor prestigio Muhammad Ali.

Esta actividad, aunque nos resulte muy enbabucadora o emocionante, va directamente en contra de uno de los mandamientos del decálogo, que Dios nos revelo para que viviéramos felices y fraternalmente unidos.

Yo comprendo, o más bien dicho, veo, que muchas personas se pasan por debajo del arco del triunfo lo concerniente a la ley de Dios, pero eso en nada influye para que aquello sea un pecado mortal.

Lector amigo, ¿te has puesto a pensar que felices viviéramos si no hubiera robos? ¿Asesinatos? ¿Intrigas? ¿Falsedades? ¿Infidelidades? ¿Y todos los hombres acatáramos la ley de Dios y acatáramos a Dios como es digno, justo y necesario, y le rindiéramos el culto que le es debido?

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