mar. Nov 29th, 2022

CRITERIOS…

“El poder de la palabra”

Arturo CEJA ARELLANO

Los primeros pobladores, hablando de nuestro país, descubrieron y cultivaron el maíz en “chinampas”, que no eran otra cosa más que montículos de tierra rodeados de agua, en medio de un lago, o de un río; aprendieron a hacer la masa y de ahí la tortilla, alimento nacional por excelencia (orgullo de México), imposible de que falte en la mesa a la hora de los tres alimentos del día, por lo menos en hogares de la clase media-baja.

La tortilla se consume en múltiples presentaciones, pues de ahí se derivan los chilaquiles, totopos, quesadillas, tostadas, tacos dorados y suaves; con el grano se hace pozole verde, blanco y rojo.

Las tortillas son blancas, amarillas, azules y hasta “prietas”, y acompañan prácticamente a todo tipo de guisados y caldos. La venden –obvio- en las tortillerías y hasta en tiendas departamentales.

Por lo tanto, es la tortilla un amplio producto alimenticio, cuyas ventas son al por mayor, especialmente donde las fabrican con calidad; o sea, donde no revuelven el maíz (nixtamal) con los molotes de la mazorca, que las hace duras y con mal sabor a los pocos minutos de haber sido adquiridas, dificultándose calentarlas en el comal, pues se convierten en tostadas muy duras.

Pero bueno, antaño se decía que el maíz estaba subsidiado por el gobierno federal (subsidio que ¿desapareció?), y no obstante a que en México “sólo los caminos quedaban sin sembrar”, como lo promovió el ex presidente de la República Mexicana, Luis Echeverría Álvarez en su slogan publicitario, para que no aumentara de precio y encareciera el citado producto de la tortilla, él mismo lo adquiría a través de la Tienda CONASUPO, donde se abusaba mucho del productor, al comprar el grano a precio muuuy bajo, a tal grado de que el hombre del campo aseguraba que “no alcanzaba ni siquiera a recuperar la inversión”, mucho menos obtener ganancias.

El precio de la tortilla siempre fue vigilado y regulado por la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), que vigilaba a la vez que “el kilo fuera de a kilo”, conservándose un precio estable con beneficio para el consumidor.

Sin embargo, a la fecha, el productor de maíz sigue sufriendo para obtener ganancias, contrario a lo que hacen los tortilleros, amafiados en grupos para aumentar el precio de ese producto básico, tan básico en la alimentación de los mexicanos, a tal grado de que en éste momento acaban de aumentar de 26 a 28 pesos el precio del kilo.

El abuso de los Industriales de la Masa y la Tortilla es tal, que aprovecharon la dizque ¿prohibición” del uso de bolsas de plástico, según ellos para no contaminar el medio ambiente y dejaron de darla. ¡Ah!, pero como la gente la necesita, porque no lleva bolsa ecológica, mucho menos servilleta, y porque la usa para depositar la basura que genera en los hogares, los tortilleros empezaron a vender tal bolsa a peso. O sea, no quieren contaminar, no la dan, pero sí la venden. ¡Negocio redondo!

Tal abuso, alentado ante la ausencia de autoridades como la corrupta PROFECO que, desde que la encabezó en Zamora el licenciado Romo, “jalado” por Memo Gómez a la Tesorería del Ayuntamiento, tal dependencia desapareció de ésta ciudad y por ende de la región, provocándose que el comerciante haga lo que le dé su regalada ganada, al fin y al cabo, que no hay quien le diga nada, como dice “Tocamal” en La Voz de Michoacán. Y como dijo Juan Gabriel: “¿A dónde vamos a parar?”.

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